sábado, 28 de marzo de 2015

Los 100 Días del Plebeyo

Relato acerca de los esfuerzos que se hacen por amar...


En un reino al Oriente del Continente, una bella princesa estaba buscando consorte. Nobles y ricos pretendientes llegaban de todas partes y con tal de impresionarla, traían consigo maravillosos regalos: joyas, tierras, ejércitos, tronos… Entre los candidatos se encontraba un joven plebeyo que no tenia mas riquezas que el amor y al perseverancia.
Después de que todos los invitados mostraran sus presentes, llego el momento de que el joven hablara, y lo hizo diciendo con elocuencia:

-Princesa, te he amado toda la vida. Como soy un hombre pobre y no tengo tesoros para darte, te ofrezco mi sacrificio como prueba de amor. Estaré cien días sentado bajo la ventana, sin mas alimento que la lluvia y sin mas ropas que las que llevo puestas. Esa será mi dote.

La princesa, conmovida por semejante gesto de amor, decidió aceptar diciendo:
-Tendrás la oportunidad: si pasas esa prueba, me desposarás.

Así pasaron las horas y los días. El pretendiente permaneció afuera del palacio, soportando el sol, los vientos, la nieve, las noches heladas. Sin pestañear, con la vista fija al balcón de su amada, el valiente súbdito siguió firme en su empeño sin desfallecer un momento.
De vez en cuando la cortina de la ventana real dejaba traslucir la esbelta figura de la princesa, que con un noble gesto y una sonrisa aprobaba la faena. Todo iba a mil maravillas, se hicieron apuestas y algunos optimistas comenzaron a planear los festejos.
Al llegar el día noventa y nueve, los pobladores de la zona salieron a animar al próximo comarca. Todo era alegría y jolgorio, pero cuando faltaba una hora para cumplirse el plazo, ante la mirada atónita de los asistentes y la perplejidad de la princesa, el joven se levantó y sin dar explicación alguna, se alejó lentamente del lugar donde había permanecido casi los cien días.

Unas semanas después, mientras deambulaba por un solitario camino, un niño de la comarca lo alcanzó y le preguntó a quemarropa:
- ¿QUE TE OCURRIÓ? Estabas a un paso de lograr la meta, ¿por qué perdiste esa oportunidad? ¿porque te retiraste de ser Rey y desposar a la hermosa princesa?

Con una profunda consternación y lágrimas mal disimuladas, el plebeyo contestó con voz alta:
- Estuve soportando frió, aveces fuertes soles, cansado... muchas noches no dormí, lo di todo por ella pero... La princesa no me ahorró ni un día de sufrimiento, ni siquiera una hora. la verdad,  NO MERECÍA MI AMOR

CUANTAS VECES PONEMOS PRIMERO EL AMOR QUE SENTIMOS HACIA LOS DEMÁS ANTES DE VER EL PROPIO?

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