domingo, 13 de noviembre de 2016

Reflexiones 1

No os sucede como a mi, cuando haceís actividades que requieren poca atención, que vuestra mente se pone a divagar con o sin vuestro consentimiento.
En uno de estos trances meditativos, de esos que le das vueltas a los recuerdos o tu imaginación construye miles de distintos futuros, he llegado a la conclusión que en la vida hay pequeñas señales que nos advierten de las más sencillas o singulares formas.
De aquí saco que muchos errores que he cometido pude haberlos evitado, yo dejaría de ser quién soy ahora, no sé si para mejor o para peor. Cuando estamos enfilando por el camino "erronéo" hay carteles con advertencias que ignoramos, personas que con buena o mala intención nos guían por determinadas rutas, encontramos obstáculos que o bien sorteamos o nos hacen desviarnos, cuando llegas a tu destino con suerte es el que pretendias alcanzar y con más suerte aún es algo totalmente inesperado que jamás habrías encontrado de no seguir con cabezonería lo que tu instinto te dicta.
A todo esto empece a pensar en todo esto al recordar un pajarito que me dijo que otro pajarito que ni siquiera me conocía en absoluto, pensaba de mi que era manipuladora e hipócrita. Ese pajarito me hizo darme cuenta que malgastaba amabilidad sincera en saco roto. Siempre que me han pedido consejo, he guiado como mejor pude a la persona, por lo que mejor le hiciera, en mi propio detrimento.
En definitiva, estoy orgullosa de muchas de mis acciones y no tanto de otras, pero el pasado no se cambia y nos convierte en lo que somos, cúal escultor tallando mármol en bruto y convirtiéndolo en una bella obra de arte. 
Eso es la vida misma una bella obra de un artista nada predecible.
Asdo. Megan Evangelyne Casiopea

sábado, 28 de marzo de 2015

Síndromes sobre los que está bien saber


EL SÍNDROME DEL DOMINGO POR LA TARDE
Los domingos por la tarde empiezan a suponer momentos de tristeza y apatía. Antes, se temía la llegada del lunes, que era percibido como un símbolo del regreso a una semana en la que el tiempo está perfectamente medido y planificado. Ahora, este momento se ha adelantado y se padece unas horas antes.
Desde el punto de vista psicológico, las personas que experimentan sentimientos de apatía, tedio y sensación de vacío los domingos por la tarde anticipan la rutina agitada de la semana. Se centran en los acontecimientos negativos que les deparará la semana, como las prisas, las exigencias laborales y el cansancio físico. Estos pensamientos anticipatorios, junto con los sentimientos que éstos desencadenan, hacen que muchas personas sufran el llamado síndrome del domingo por la tarde. Este síndrome se caracteriza por el inmovilismo, la inactividad y la desmotivación.
En principio, el domingo es el día en el que más libertad disponemos y más podemos disfrutar del tiempo a nuestro gusto. Entonces, ¿por qué un número creciente de personas experimentan sentimientos negativos justamente en un día festivo?
Una explicación puede ser que no sabemos disfrutar de nuestro tiempo de ocio. Durante la semana todo está planificado y ordenado, sabemos lo que debemos hacer en todo momento. El fin de semana es un espacio libre que tenemos que aprender a planificar de forma flexible para que genere experiencias de tranquilidad, alegría y goce. Además, estos sentimientos de apatía y tedio se ven reforzados por el hecho de que casi ningún comercio se encuentra abierto y por la aparente calma que se vive en las ciudades.
Habitualmente, asociamos el tiempo libre a la actividad (salir de viaje, ir de compras, al cine, etc), y si no hacemos nada nos aburrimos. No se trata de "no hacer nada", sino de prepararnos para disfrutar del tiempo de ocio. Incluso, supone un esfuerzo determinar un tiempo para el descanso y la relajación.
Otra razón para que los domingos por la tarde sean sinónimo de tristeza viene marcada por la creencia de que volver al trabajo es enfrentarse con la realidad y con la rutina. Para muchas personas el trabajo provoca fuertes sentimientos de tensión que sólo se mitigan los días festivos, ya que durante la semana no recargan la energía física y psicológica perdida. También las prisas, las obligaciones y los horarios enmascaran los sentimientos de tristeza y soledad que están presentes a lo largo de la semana pero que salen a la luz cuando éstas nos lo permiten.
Un día propicio para la reflexión
El domingo valoramos si nuestros objetivos y expectativas respecto al fin de semana se han cumplido o no. Habitualmente, si nuestras expectativas no se han cumplido se genera en nosotros un sentimiento de fracaso que nos conduce a la sensación de vacío y melancolía.
Esta actitud predomina en personas en las cuales es necesario el aprendizaje de habilidades de inteligencia emocional, como el conocimiento de sí mismos, autocontrol y automotivación. Estas habilidades actúan como preventivas de síntomas negativos como la tristeza, la apatía y la melancolía.
Los fines de semana alteramos nuestros ritmos de comida y sueño, lo que provoca que nos notemos más cansados los domingos por la tarde. Habitualmente el cansancio físico produce alteraciones emocionales y está asociado a la emergencia de sentimientos negativos.
Algunas sugerencias para combatir este síndrome serían las siguientes:
Centrarnos en el momento presente rompiendo la tendencia a pensar cómo será la próxima semana.
Motivarnos a nosotros mismos: asumir que la pereza y el inmovilismo ayudan a que nos sintamos peor. Se puede combatir con ejercicio físico o un pequeño paseo que rompa la inactividad del domingo por la tarde.
Conocerse a sí mismo: hacer una lista de las actividades que nos agradan y diferenciarlas de las actividades que aplazamos para el fin de semana, porque durante la semana no tenemos tiempo (por ejemplo, limpieza general, actividades domésticas…)
Autocontrol: planificar las actividades que nos agradan e imaginarnos la satisfacción que nos producirán.

EL SÍNDROME DEL LUNES
A veces cada lunes sentimos como si volviéramos a repetir el síndrome postvacacional: tristeza, desánimo, irritabilidad, cansancio... se trata del Síndrome del Lunes.
Varios estudios a cerca de este Síndrome han demostrado que el Lunes es el día más aburrido para los trabajadores, el menos productivo de la semana junto con el viernes e incluso es el día en el que más accidentes de tráfico se presentan.
Algunas de las causas de por qué se produce este desánimo los Lunes y este cansancio son:
- La variación del sueño ya que durante el fin de semana los horarios habituales de sueño y vigilia se modifican
- El tener que volver a las obligaciones y horarios del día a día, después de un fin de semana de relax y ocio
- El temor de tener que enfrentarnos a la rutina y a las mismas cosas, que muchas veces se traduce en ir con prisas, mil actividades, horarios imposibles, escasez de flexibilidad y de momentos de diversión u ocio
Y, ¿Qué podemos hacer para sobrellevar mejor el Lunes?:

- En el optimismo está la clave, intentar ver las cosas desde el optimismo y ser positivos
- Organizar y planificar nuestro tiempo y tareas
- Escucha música en tus trayectos de casa al trabajo y del trabajo a casa
- Practica algo de deporte al finalizar la jornada para desconectar
- Por ser lunes, intenta ser más flexible con tus horarios y tareas, si no llegas a todo, no pasa nada
- Recompénsate al llegar a casa con un baño relajante o un buen paseo
- Intenta acostarte pronto y dormir suficientes horas para levantarte al día siguiente con mucha energía
Mis mejores deseos para que vuestro Lunes no sea demasiado duro... ;)

HÉCTOR G. BARNÉS Pompoir y kabazza


Algunas técnicas milenarias como la del pompoir y su variante árabe, el kabazza.
El sexo tiene que ver con la fricción, y de ahí la obsesión que muchas mujeres –y hombres– tienen por el tamaño de los penes. Se entiende que, a más tamaño (preferiblemente grosor a longitud), mayor será la satisfacción. Dicho pensamiento se encuentra en la base del conocido como pompoir o, más poéticamente, el beso de Singapur (o, de forma más elusiva, el toque de flauta).

En lugar de moverse cabalgando o embistiendo, la pareja permanece quieta y ella utiliza el músculo pubocoxígeo para estimular la erección masculina
¿En qué consiste? Se trata, básicamente, de una técnica sexual en la que la mujer utiliza su vagina para estimular el pene del hombre como si lo estuviese succionando. De ahí su nombre, pompoir, que en francés sería algo así como “chupadora”: la vagina produce un efecto semejante al de la boca durante el sexo oral. En lugar de moverse cabalgando o embistiendo, la pareja permanece quieta y ella utiliza el músculo pubocoxígeo para estimular la erección masculina, lo que se traduce en orgasmos más intensos tanto para él como para ella.
No se trata de una técnica nada sencilla, y aunque algunas mujeres nacen con la habilidad natural de realizar estos movimientos musculares, muchas tienen que entrenarse para conseguirlo. Los libros de historia arrojan algunos casos, como ocurre con la amante del rey Francisco I y Enrique II de Francia, Diane de Poitiers, que tenía una habilidad especial para esta técnica. Como señala un artículo publicado por Emma Gold en GQ, en Shanghái circula la historia de una prostituta capaz de introducir y sacar el pene de su amante simplemente con los movimientos de su vagina.

Al parecer, la tradición nació en la India hace más de 3.000 años, y de ahí se extendió a otros países orientales como Tailandia o Japón. Parte de la educación de algunas geishas, se centra en desarrollar esta técnica, así como la de las Devadasis indias proscritas desde el año 1988. De hecho, existe una variación conocida con el nombre de kabazzah, y en la cual participan también los músculos del abdomen. La fijación de algunas celebridades por las prácticas sexuales orientales como el sexo tántrico, han devuelto al pompoir a la actualidad amatoria.
La posición ideal para practicar esta técnica es aquella en la que la mujer se sitúa encima del hombre, puesto que es ella la que marcará el ritmo y la intensidad del encuentro sexual, aunque también puede practicarse de lado. Es más, resulta necesario que el hombre se encuentre en una posición absolutamente pasiva, ya que el movimiento debe ser sutil. Es necesario que la vagina se encuentre dilatada y humedecida, para facilitar su movimiento. Y toda la responsabilidad se encuentra, por una vez, en el lado femenino, que decide a qué ritmo se realiza el acto.
Como explica Denise Costa, fundadora de la página Pompoir Book –una completa guía sobre el beso de Singapur–, en Salon, esta técnica no sólo permite al hombre tener orgasmos más intensos y duraderos, sino que puede provocar que la mujer experimente los tres tipos de orgasmos posibles, a saber: el vaginal, el del clítoris y el menos habitual de todos ellos, el del útero. En ocasiones, la contracción de la vagina se produce de forma natural cuando una mujer experimenta el clímax.

Muy pocas mujeres son capaces de lanzarse a realizar esta técnica sin haberse entrenado antes. Costa propone en el artículo una serie de técnicas que nos permiten ser capaces de hacerlo en menos de cinco meses, siempre y cuando nos comprometamos a una disciplina de practicar una hora al día. Entre estos ejercicios se encuentran todos los relacionados con el control de los músculos pélvicos, que son los mismos que evitan que la orina se escape: contracciones, apretar, empujar y otra clase de movimientos realizados de forma consciente cuentan como parte del entrenamiento.
Por lo general, esta clase de ejercicios que tienen como objetivo reforzar elsuelo pélvico suelen recomendarse a aquellas mujeres que sufren problemas de pérdida de orina o para facilitar el parto, pero también pueden ayudar a reforzar la vagina. Por lo general, suelen basarse en mantener la contracción durante todos los segundos que sea posible, hasta los diez. Estas prácticas reciben también el nombre de ejercicios de Kegel, y pueden reforzarse a través de los conos vaginales (dispositivos que se insertan y que deben sostenerse gracias a la acción de los músculos) o del propio pene de la pareja. Sin embargo, se debe tener cuidado con estos ejercicios, puesto que su mala práctica puede agravar los problemas de incontinencia o provocar un prolapso.
Existe otra técnica asociada a esta, y que recibe el nombre de the mare’s trick (el truco de la yegua). Esta consiste en mantener el pene de la pareja dentro de la vagina, rodeando con las piernas el miembro del hombre y endurecer los músculos de la pelvis, lo que provoca que la erección no desaparezca, algo que puede llegar a ser doloroso en caso de que el hombre ya haya alcanzado el clímax, pero también ayudar a evitar los problemas de erección.

EL HOMBRE Y LA MUJER Victor Hugo


El hombre es la más elevada de las criaturas.
La mujer es el más sublime de los ideales.
Dios hizo para el hombre un trono; para la mujer un altar.
El trono exalta; el altar santifica.
El hombre es el cerebro.
La mujer el corazón.
El cerebro fabrica la Luz; el corazón produce el Amor.
La Luz fecunda; el Amor resucita.
El hombre es fuerte por la razón.
La mujer es invencible por las lágrimas.
La razón convence; las lágrimas conmueven.
El hombre es capaz de todos los heroísmos.
La mujer de todos los martirios.
El heroísmo ennoblece; el martirio sublimiza.
El hombre tiene la supremacía.
La mujer la preferencia.
La supremacía significa la fuerza; la preferencia representa el derecho.
El hombre es un genio.
La mujer un ángel.
El genio es inmensurable; el ángel indefinible.
La aspiración del hombre es la suprema gloría.
La aspiración de la mujer es la virtud extrema.
La gloria hace todo lo grande; la virtud hace todo lo divino.
El hombre es un código.
La mujer un evangelio.
El código corrige; el evangelio perfecciona.
El hombre piensa.
La mujer sueña.
Pensar es tener en el cráneo una larva; soñar es tener en la frente una aureola.
El hombre es un océano.
La mujer es un lago.
El océano tiene la perla que adorna; el lago la poesía que deslumbra.
El hombre es el águila que vuela.
La mujer es el ruiseñor que canta.
Volar es dominar el espacio; Cantar es conquistar el alma.
El hombre es un Templo.
La mujer es el Sagrario.
Ante el Templo nos descubrimos; ante el Sagrario nos arrodillamos.
En fin: El hombre está colocado donde termina la tierra.
La mujer donde comienza el cielo.

En la mente criminal LUIS MIGUEL ARIZA 29/01/2012


Fríos hasta un grado inhumano, egocéntricos, sin empatía ni miedo al castigo. Así son los psicópatas. En los escáneres de sus cerebros, dos zonas aparecen intrigantemente 'apagadas'. Hablamos con dos investigadores obsesionados con lo que sucede en las neuronas de quienes guardan entre ceja y ceja un cóctel explosivo de violencia.
Durante más de trece años, el neuroanatomista James Fallon ha escudriñado los escáneres cerebrales de psicópatas y asesinos en serie para encontrar en qué difieren sus estructuras cerebrales de las nuestras. El azar ha querido que Fallon se topara con un hallazgo que ni él mismo podría sospechar en un millón de años: su propio cerebro posee todas las cualidades que se esperan de una mente criminal.

Fallon no es un neurocientífico del montón. Simpático, extravertido, parece un volcán de ideas cuando habla con entusiasmo de su trabajo. Ha aparecido, representándose a sí mismo, en series de televisión como Mentes criminales, y no esperaba convertirse en una estrella mediática. Como investigador de la prestigiosa Universidad de California en Irvine ha logrado hitos significativos en la investigación del cerebro humano, desentrañando los circuitos cerebrales para la dopamina y las endorfinas -las moléculas que nos causan placer-, o los genes que hay detrás de enfermedades como el alzhéimer y el párkinson.
Fallon fue el primero en caracterizar una molécula esencial para el crecimiento de las neuronas. Formó parte del equipo de expertos que asombró al mundo al demostrar que el mismo cerebro fabrica neuronas nuevas tras el nacimiento -a partir de las células madre adultas- haciendo trizas el dogma sagrado según el cual nacíamos con todas las neuronas contadas.
Su vuelco hacia la investigación de las mentes criminales ocurrió por casualidad. "Conozco todas las partes del cerebro", relata a El País Semanal, "mis colegas y psiquiatras en neurología suelen consultarme para que eche un vistazo a los escáneres cerebrales". A principios de los noventa, los expertos de Irvine probaban entusiasmados el nuevo escáner de emisión de positrones (TEP), que iluminaba las zonas del cerebro cuando se piensa, se reacciona ante una imagen o un sonido. Fallon atravesaba tranquilamente el campus de su universidad cuando se topó con un equipo SWAT (unidad policial de élite), que custodiaba el centro donde se encontraba la máquina prodigiosa. Al preguntar qué sucedía, los agentes le respondieron que estaban escaneando el cerebro de un asesino en serie. "En eso estaban mis colegas. Se trataba realmente de tipos muy malos". A Fallon le pidieron ayuda: un vistazo de una placa al año, o tres como mucho. Y aceptó. Sin saberlo, había abierto una nueva puerta para conocerse a sí mismo.
Hace ahora unos cinco años, la historia dio un giro inesperado, propio de un thriller.Uno de sus colegas le pasó a Fallon de sopetón unos setenta escáneres de asesinos. Se trataba de un material muy valioso, por las dificultades legales para su obtención, y estaba mezclado con otras tantas placas de personas que sufrían esquizofrenia y depresión. Fallon vio en ello una oportunidad única para encontrar patrones cerebrales en un experimento ciego, sin saber quién es quién.
"Lo primero que le dije es que no quería saber a quién pertenecía cada escáner. Había entre cincuenta y cien cortes por cada cerebro, así que me mantuve ocupado un buen tiempo". Analizando las partes del cerebro que estaban iluminadas o apagadas, Fallon empezó a fascinarse cuando vislumbró un patrón, borroso al principio, que se asociaría de forma implacable con los criminales. Encontró dos zonas singularmente apagadas: la corteza cerebral encima de los ojos, que se encarga de la ética, la moral y la toma de decisiones -lo que se conoce por el córtex orbitofrontal-, y la amígdala, debajo de la corteza, que procesa las emociones, la agresión y la violencia. Los escáneres reflejaban un nuevo retrato robot de tipos que cometían violaciones o asesinatos en serie, personas que tenían dificultades para emocionarse o dejarse impresionar por el sufrimiento ajeno, sin remordimientos. Carecían del freno que impone el lóbulo prefrontal a la hora de controlar los impulsos y decidir si una acción es moral o éticamente aceptable. En todos ellos, los circuitos que conectan los sistemas límbicos -el cerebro emocional del mamífero- con el centro racional del control de decisiones estaban dañados o desconectados.
Fallon empezó a despuntar en el campo de la criminología cerebral, impartiendo conferencias en todo el mundo a partir de estos resultados. Las placas perfilaban una mente psicopática. Sugerían que los cerebros de estos criminales funcionaban de una manera singularmente distinta a los del resto. Al mismo tiempo, estaba involucrado en un ensayo clínico muy ambicioso sobre el mal de alzhéimer. Fallon analizaba placas TEP y de resonancia magnética funcional provenientes de personas sanas con antecedentes familiares, y añadía al conjunto los análisis genéticos en busca de posibles marcadores. El alzhéimer no tiene cura, pero podría anticiparse antes de que aparezcan los síntomas. "El padre de mi mujer acababa de morir de alzhéimer, así que le dije: como parecéis gente normal, podemos meter vuestros escáneres en el estudio. Cuando vinieron los resultados de mi familia, chequeé la pila de escáneres que tenía sobre la mesa y me quedé bastante aliviado, ya que todo el mundo parecía normal. Fui hasta el fondo de la pila y me topé con un escáner que se parecía mucho a los escáneres de los asesinos, que estaban en una pila contigua. Pensé que se habían mezclado por accidente. Pero cuando comprobé el código, descubrí que era el mío. ¿Puedes imaginártelo?".
Fallon es, hasta la fecha, el único neurocientífico del mundo que tiene la certeza de que su cerebro se parece al de un asesino en serie. Es una oportunidad perfecta para observarse a sí mismo y alumbrar el misterioso mundo de la neurología criminal. Los expertos coinciden en señalar que los psicópatas exhiben una frialdad casi inhumana en su comportamiento. Son incapaces de conmoverse ante las emociones y las desdichas de los demás. Carecen de empatía y no tienen miedo al castigo al ponerse en una situación de riesgo.
"Tienen dificultades para percibir por parte de la amígdala las emociones morales, el sentido de la justicia, la piedad y la compasión", explica Vicente Garrido, profesor de la Universidad de Valencia y un experto en criminología. El psicópata imita en muchas ocasiones emociones que no siente y solo percibe como señales que ha de descifrar -finge estar apenado cuando en realidad no lo está- por culpa de este déficit. Su lóbulo prefrontal, el llamado órgano ejecutivo del cerebro, tiene otro déficit añadido: la amígdala no le avisa de los daños o el sufrimiento que se vaya a causar al tomar una decisión. "Frente a situaciones de miedo y horror, el lóbulo prefrontal del psicópata toma la decisión de mayor beneficio para el sujeto, aun cuando esas decisiones hayan sido castigadas anteriormente. Por eso se dice que los psicópatas no aprenden de la experiencia. Repiten comportamientos que otra persona ya no repetiría. Son egocéntricos y están centrados en sus metas inmediatas, que giran en torno al logro del placer y del control. Ese recuerdo del castigo, del fracaso, no es relevante, porque la amígdala no le ha permitido instalarlo dentro de sus sistema de memoria".
Garrido describe en su nuevo libro Mentes criminales (Ariel) el perfil de algunos de los psicópatas más célebres por lo terrible de sus actos. Uno de los más horribles fue Anatoli Onoprienko, apodado Terminator El Diablo de Ucrania, quien llegó a declarar que "era como un robot con impulsos para matar. No siento nada". Desde enero hasta marzo de 1996, Onoprienko empleó hachas, cuchillos, armas de fuego y martillos para acabar con la vida de 49 personas. Elegía las casas fuera de las ciudades y entraba en ellas aniquilando a todos los miembros de la familia. Acabó con siete de ellas, incluyendo a los niños, sin mostrar ningún tipo de arrepentimiento. Incluso en una ocasión detuvo su coche y se dedicó a matar a los conductores que encontraba a su paso. Pero el psicópata va más allá de un asesinato aislado. No tiene necesariamente que matar. Puede ser alguien deleznable, que explota a los trabajadores, desleal con sus amigos, que arruina la vida emocional de la gente que le rodea. Y por supuesto, convertirse en un violador o en un asesino en serie.
Por ello, el caso de Fallon es fascinante y extraordinario. ¿Podría haberse convertido realmente en un psicópata? Uno no alberga esa impresión, al menos conversando con él a través de la pantalla del ordenador. No siempre se tiene oportunidad de charlar con un científico que estudia a psicópatas y que admite que comparte muchos de sus rasgos cerebrales. "No soy un asesino", asegura este neurocientífico. En sus charlas, parte de la audiencia suele romper en carcajadas. "Verás que hablo de forma amigable y también muy rápido. La gente dice que soy un tipo simpático. Soy el tío que cae bien a todo el mundo cuando entra en el bar".
Pero Fallon desliza unas cuantas características personales que incitan a la preocupación. Al descubrir su nueva faceta en la placa cerebral, Fallon conversó con su familia, con sus colegas psiquiatras, con sus amigos, para que le expusieran la imagen que tenían de él. "Mi mujer no está terriblemente contenta con esto", dice. Y al principio no le gustó lo que escuchó. Un buen amigo suyo le comentó que era alguien que "no tenía escrúpulos". Con el tiempo, Fallon ha aprendido a verse a sí mismo con cierta distancia, como si fuera un conejillo de Indias, el científico que se explora a sí mismo. "No hago daño a la gente, pero manipulo a las personas. Es casi un reflejo, como un juego. Y soy alguien muy competitivo. No aguanto perder. Tengo que ganar en todo".
Fallon admite que siente mucha más empatía por los extraños que por las cosas que suceden en su entorno más cercano. Repasa su infancia y el retrato que emerge es el de un chico inestable; al principio, extremadamente religioso y muy moralista, fue nombrado chico católico del año en Nueva York. Cuando iba hacia el autobús escolar desde su casa, se obsesionaba por dejar el camino despejado en un radio de veinte metros recogiendo toda la basura que encontraba. Luego, en la veintena, casi se convirtió al marxismo dentro de su familia. Su madre sufrió unos cuantos abortos antes de concebirlo, y por ello recibió una infancia llena de amor y ternura. Y está convencido de que eso le salvó. "De haber tenido una infancia desgraciada, habría sido un psicópata", asegura convencido.
Vicente Garrido distingue entre sociópatas y psicópatas. Los primeros tienen una biografía en la que han sufrido maltratos o abusos sexuales -la infancia opuesta a la de Fallon- y cuando eran niños crecieron en contextos subculturales muy violentos, como mafias y organizaciones criminales. El énfasis lo pone en el ambiente; puede ser un gatillo que acciona un mecanismo y cuando sucede no tiene vuelta atrás. Este profesor español habla de los niños de las favelas brasileñas, que en muchas ocasiones viven rodeados de drogas. No todos se transforman en delincuentes, pero a veces basta con poner una pistola en sus manos. O de los niños soldado de Sierra Leona o Uganda, raptados y sometidos a una tortura psicológica brutal. Terminan convirtiéndose en máquinas de matar.
"Se trata de una psicopatía adquirida por culpa de factores ambientales muy intensos que marcan la época más vulnerable del desarrollo del niño". Pero incluso entre esos niños soldados se ha visto que las diferencias individuales cuentan. Algunos pueden ser rehabilitados una vez rescatados de las garras de sus secuestradores. Otros ya tenían una tendencia innata hacia la violencia, por lo que su psicopatía será irreversible. ¿Cuál es la genética implicada? Un mes después de que Jim Fallon encontrara que su escáner cerebral era como el de un asesino en serie, celebró en su casa una fiesta familiar. Su madre, siciliana, tiene ahora 94 años. Le comentó con cierta malicia a Fallon durante aquella celebración que estaba dando charlas por ahí sobre cerebros psicópatas como si él creyese que pertenecía a una familia normal. Y le recomendó que contactara con su primo, que era editor de un periódico de Nueva York y que había descubierto un libro histórico que versaba sobre la familia del padre de Fallon.
Al escarbar en su genealogía, este neurocientífico se quedó estupefacto. Cuando su madre era una niña, sus compañeros solían meterse con ella asegurando que era de la Mafia por haber nacido en Sicilia. Pero el padre y los hermanos de ella eran traficantes de alcohol en Nueva York durante la Gran Depresión. Incluso su madre fue llevada en un camión cargado de dinamita hasta las montañas Catskill, en Nueva York, donde el mafioso Lucky Luciano tenía su casa.
Quizá había otros muchos que se ganaban así la vida en aquellos tiempos, pero resultó que la línea paterna de Fallon estaba salpicada de asesinos. Un antepasado suyo había matado a su madre a hachazos en 1667. "Fue el primer caso de matricidio registrado en las colonias americanas. En el libro se detallan siete asesinos más que estaban entroncados en mi familia". El último añadido a esta peculiar lista, poco esperanzadora, es una solterona, Lizzy Borden, que presumiblemente mató a su madrastra y a su padre a hachazos en el verano de 1892, en Nueva Inglaterra. Como confiesa este neurocientífico, "sabía que tenía que examinar a fondo mi genética. Toda mi familia tenía una mezcla de genes de bajo y alto riesgo. Pero el problema es que yo tengo cada uno de los alelos genéticos de mayor riesgo. Desde el llamado gen guerrero, y otros que tienen que ver con los receptores de la serotonina y transportadores de la norepirefrina. La verdad es que parece que tendría que estar en prisión".
El gen guerrero no es más que un epíteto añadido a un nombre nada exótico para una molécula, la enzima monoaminooxidasa A (en inglés, monoamine oxidase A o MAOA), cuyo quehacer en el cerebro tiene un peso importante: se le ha relacionado con el comportamiento agresivo y violento. Se trata de una proteína cuya función consiste en deshacer los neurotransmisores cerebrales como la dopamina, la serotonina y la norepirefrina. Algunas variantes del gen que segregan cantidades excesivas de la enzima tienen por consecuencia una escasez de estos neurotransmisores, lo que da lugar a depresiones y esquizofrenia. Otras versiones defectuosas de alto riesgo segregan, por el contrario, insuficientes cantidades de la enzima. La consecuencia es una tormenta de neurotransmisores en el cerebro que dispara la agresividad.
El gen MAOA se ubica en el cromosoma X. Al estar ligado al sexo, sus efectos son más patentes en los chicos, que tienen un solo cromosoma X, que en las chicas, que disponen de una pareja y, por tanto, la posibilidad de conservar en el otro cromosoma un gen sano. A principio de los años noventa, los científicos establecieron una conexión entre el comportamiento violento de un grupo de hombres de una familia holandesa y el gen MAOA. Los hombres sufrían un ligero retraso mental, pero eran muy violentos. Dos de ellos eran pirómanos; otro atropelló a un empleado pasándole el coche por encima, y otro, después de violar a su hermana, acuchilló al guardián de una institución mental con un tenedor. En todos los casos, los individuos tenían versiones defectuosas del gen de la monoaminooxidasa.
El gen guerrero ya ha dejado su huella en las decisiones judiciales, especialmente en un caso sórdido ocurrido en Estados Unidos: octubre de 2006. La policía responde a una llamada y acude rápidamente a la caravana de Bardley Waldroup, en las montañas del Estado de Tennessee. Los agentes encuentran un escenario dantesco: restos de sangre por todas partes, en las cortinas, en el suelo, en las paredes, y un machete. Una mujer, Leslie Bradshaw, con la cabeza cortada y ocho disparos a bocajarro. Leslie había pasado el fin de semana fuera con la esposa de Bardley Waldroup y los cuatro hijos de este. El hombre las esperó. Mató a Leslie, la decapitó y cortó un dedo a su mujer, tratando de acuchillarla. Ella habría muerto de no ser por la policía. Las mujeres habían encargado a un amigo que llamase a las autoridades si ellas no telefoneaban en un plazo de tiempo seguro.
El fiscal pidió para Waldroup la pena capital. Un análisis genético realizado por el equipo de William Bernet, de la Universidad de Vanderbilt, mostró que Waldroup tenía la versión defectuosa del gen MAOA. En una crónica de la radio nacional pública americana (NPR) sobre el juicio, celebrado tres años después, Bernet dijo de Waldroup que "su constitución genética, junto con el hecho de que sufrió abusos cuando era niño, le hizo más vulnerable a la hora de convertirse en alguien violento". Los hechos convencieron al jurado, y la sentencia de muerte fue conmutada por una condena de 34 años en prisión. El caso del gen guerrero desató furibundas críticas. El psicólogo Nigel Barber tachó de "ciencia basura" la argumentación genética del equipo de Vanderbilt en un artículo de la revista Psychology Today, añadiendo que a este gen se le ha relacionado con el juego de los casinos, la agresividad, la depresión, y hasta el hecho de "vivir en un tráiler y sufrir abusos sexuales".
El gen MAOA sigue generando una publicidad que sobrepasa las páginas de las revistas científicas. Kevin Beaver, de la Universidad estatal de Florida, publicó recientemente un estudio que mostraba que era más probable que los miembros de pandillas urbanas que llevan escritos en su cromosoma X las versiones de riesgo tenían una probabilidad más de cuatro veces mayor de usar un arma de fuego. Pero, como critica el escritor científico John Horgan, el 40% de los pandilleros estudiados no llevaba el gen. En un experimento parecido a un juego publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), los científicos comprobaron que, de un grupo de 78 individuos sanos, los que decidían castigar de la forma más agresiva a un internauta que les estaba robando dinero (sin que supieran que se trataba de un ordenador) eran porteadores del gen.
Las estadísticas siguen atizando el fuego. Otro informe publicado en la revista New Zealand Medical Journal sugiere que la forma defectuosa del gen MAOA es más frecuente en los feroces maoríes australianos (un 56%) que en los caucasianos (34%) y los hispanos (27%). El acervo genético de los africanos (59%) y los chinos (77%) sugiere que son más violentos. Con la salvedad de que se trata de trabajos que examinan a un número muy reducido de individuos.
Y estos porcentajes no se corresponden bien con las tasas registradas de homicidios anuales según los países. En 2010, Honduras y El Salvador, ambos de habla hispana, se colocaron en primer y segundo lugar (con una tasa de 78 y 66 homicidios, respectivamente, por cada 100.000 habitantes), siendo los más peligrosos del mundo. China tiene una de las tasas más bajas (1,12), y España figura en uno de los últimos lugares (0,87). Estados Unidos figura en el puesto número 34, a pesar de que probablemente la sociedad americana es la que produce más psicópatas en el mundo. Resulta imposible determinar un número siquiera aproximado de asesinos en serie que operan en Estados Unidos. Garrido señala que los criminólogos James Fox y Jack Levin han identificado 558 asesinos en serie en ese país desde 1900. Estos expertos sugieren que quizá hay ahora activos unos 150 de estos depredadores humanos, aunque el número de los que han sido identificados se ha incrementado de una manera espectacular desde los años setenta del pasado siglo.
La genética, pues, no lo explica todo. Jim Fallon admite que llevar escritos en su ADN las formas más peligrosas del gen MAOA le ha hecho recapacitar sobre la influencia real de los genes en el comportamiento humano. "Hace dos años era una especie de radical genético", confiesa. "Daba un poco de vergüenza leer mis trabajos". Fallon creía que el peso de los genes en la conducta suponía el 85%. Ahora está convencido de que, pese a tener los peores genes, eso no significa que su destino vaya a estar escrito de antemano.
"El número de psicópatas parece que es estable desde el punto de vista cultural, aparece en todas las culturas y en números muy bajos". Las costumbres sociales son un buen freno y mantienen la influencia genética a raya. Este neuroanatomista ha viajado a lugares como Marruecos, estudiando el comportamiento de las tribus nómadas, los beduinos y bereberes. Los análisis genéticos muestran que el gen MAOA aparece con la misma frecuencia que en los europeos e italianos. Pero estas tribus, asegura, han desarrollado sistemas sociales que han extirpado la cultura de los asesinatos. "Entre tribus no pueden recordar un asesinato en doscientos años, lo que es notable". Una pelea entre dos tipos suele durar algunos minutos y luego se decide en un consejo de sabios.
Fallon estima que hay unos cincuenta genes asociados a la agresión y a la violencia, y que, en muchos casos, estos genes se concentran en determinadas estructuras étnicas, como en Bosnia, Gaza o Los Ángeles, en piscinas genéticas que facilitan su trasiego a las generaciones posteriores, en lo que llama violencia transgeneracional. Fallon explica estos conceptos en los festivales de ciencia y es recibido como una estrella mediática. Colabora en el mundo del espectáculo realizando programas divulgativos sobre criminales, genética y cerebro. En uno de ellos involucró a directores de terror como Eli Roth para comprobar, mediante su análisis genético y la exploración cerebral, si el creador de cintas de tortura gore como Hostel esconde algún aspecto psicopático. Por lo visto, Roth no se parece nada a Fallon. Es un tipo muy simpático, y en sus escáneres cerebrales se iluminan las zonas de empatía.
Los antiguos rasgos físicos que los anatomistas del siglo XIX creían ver en los criminales quedaron obsoletos. "Por entonces existía un gran entusiasmo en encontrar personas que no estaban adaptadas ni evolucionadas, pero no se tenía la perspectiva de que lo que funcionaba mal era el cerebro", explica Vicente Garrido.
Los genes equivocados mezclados con un ambiente negativo producen un cóctel explosivo, pero incluso bajo los peores escenarios la biología puede salir triunfante en personas que demostraron una construcción moral intachable, capaces de resistirse a cometer atrocidades bajo regímenes de terror como el de Hitler. Garrido indica algunos estudios fascinantes realizados en soldados alemanes que se negaron a cumplir las órdenes de disparar contra judíos, gitanos y homosexuales durante la Segunda Guerra Mundial, a riesgo de verse expulsados o de perder la vida. Estas situaciones contradictorias muestran que los científicos están aún muy lejos de desentrañar los mecanismos que operan detrás del comportamiento humano.
La sociedad utópica del mundo feliz de Aldous Huxley se basaba en un férreo determinismo genético, por el que se podría controlar y dirigir la vida de una persona desde el mismo embrión. Pero en el futuro, dice Garrido, no encontraremos una píldora capaz de curar a un psicópata. En el mejor de los casos, una sociedad avanzada que ponga en marcha sistemas de detección para descubrir niños que con ocho o nueve años ya se comportan de manera cruel, y tratar su déficit emocional.
Fallon, por su parte, es consciente de que tuvo mucha suerte en su infancia. "Si te topas con un asesino en serie o un violador, ya no hay nada que puedas hacer al respecto. La gente trata de rehabilitarlos, pero la rehabilitación nunca funciona. Es un concepto romántico sostenido por algunos de que se puede dar la vuelta a este asunto". La genética del futuro podría extraer una información relevante sobre un muchacho acerca de sus posibilidades de convertirse en psicópata, pero esos datos deben quedar en privado, constata este experto. "Estoy en contra del uso de esta información, excepto si lo hace la familia".

"El valiente tiempo de los maduros" de Mario Andrade


“Conté mis años y descubrí,
que tengo menos tiempo
para vivir de aquí en adelante,
que el que viví hasta ahora...
Me siento como aquel chico
que ganó un paquete de golosinas:
las primeras las comió con agrado,
pero, cuando percibió
que quedaban pocas,
comenzó a saborearlas profundamente.
Ya no tengo tiempo
para reuniones interminables,
donde se discuten estatutos,
normas, procedimientos
y reglamentos internos,
sabiendo que no se va a lograr nada...
Ya no tengo tiempo
para soportar absurdas personas
que, a pesar de su edad cronológica,
no han crecido.
Ya no tengo tiempo
para lidiar con mediocridades.
No quiero estar en reuniones
donde desfilan egos inflados.
No tolero a manipuladores
y ventajeros.
Me molestan los envidiosos,
que tratan de desacreditar
a los más capaces,
para apropiarse de sus lugares,
talentos y logros.
Detesto, si soy testigo,
de los defectos que genera
la lucha por un majestuoso cargo.
Las personas no discuten contenidos,
apenas los títulos.
Mi tiempo es escaso
como para discutir títulos.
Quiero la esencia,
mi alma tiene prisa....
Sin muchas golosinas en el paquete...
Quiero vivir al lado
de gente humana, muy humana.
Que sepa reír, de sus errores.
Que no se envanezca,
con sus triunfos...
Que no se considere electa,
antes de hora.
Que no huya, de sus responsabilidades.
Que defienda, la dignidad humana.
Y que desee tan sólo
andar del lado de la verdad
y la honradez.
Lo esencial es lo que hace
que la vida valga la pena.
Quiero rodearme de gente,
que sepa tocar el corazón
de las personas…
Gente a quien los golpes
duros de la vida,
le enseñó a crecer
con toques suaves en el alma.
Sí… tengo prisa…
por vivir con la intensidad,
que sólo la madurez
puede dar.
Pretendo no desperdiciar
parte alguna de las golosinas
que me quedan…
Estoy seguro
que serán más exquisitas,
que las que hasta ahora he comido.
Mi meta es llegar al final
satisfecho y en paz
con mis seres queridos
y con mi conciencia.
Espero que la tuya sea la misma,
porque de cualquier manera
llegarás..."

Los 100 Días del Plebeyo

Relato acerca de los esfuerzos que se hacen por amar...


En un reino al Oriente del Continente, una bella princesa estaba buscando consorte. Nobles y ricos pretendientes llegaban de todas partes y con tal de impresionarla, traían consigo maravillosos regalos: joyas, tierras, ejércitos, tronos… Entre los candidatos se encontraba un joven plebeyo que no tenia mas riquezas que el amor y al perseverancia.
Después de que todos los invitados mostraran sus presentes, llego el momento de que el joven hablara, y lo hizo diciendo con elocuencia:

-Princesa, te he amado toda la vida. Como soy un hombre pobre y no tengo tesoros para darte, te ofrezco mi sacrificio como prueba de amor. Estaré cien días sentado bajo la ventana, sin mas alimento que la lluvia y sin mas ropas que las que llevo puestas. Esa será mi dote.

La princesa, conmovida por semejante gesto de amor, decidió aceptar diciendo:
-Tendrás la oportunidad: si pasas esa prueba, me desposarás.

Así pasaron las horas y los días. El pretendiente permaneció afuera del palacio, soportando el sol, los vientos, la nieve, las noches heladas. Sin pestañear, con la vista fija al balcón de su amada, el valiente súbdito siguió firme en su empeño sin desfallecer un momento.
De vez en cuando la cortina de la ventana real dejaba traslucir la esbelta figura de la princesa, que con un noble gesto y una sonrisa aprobaba la faena. Todo iba a mil maravillas, se hicieron apuestas y algunos optimistas comenzaron a planear los festejos.
Al llegar el día noventa y nueve, los pobladores de la zona salieron a animar al próximo comarca. Todo era alegría y jolgorio, pero cuando faltaba una hora para cumplirse el plazo, ante la mirada atónita de los asistentes y la perplejidad de la princesa, el joven se levantó y sin dar explicación alguna, se alejó lentamente del lugar donde había permanecido casi los cien días.

Unas semanas después, mientras deambulaba por un solitario camino, un niño de la comarca lo alcanzó y le preguntó a quemarropa:
- ¿QUE TE OCURRIÓ? Estabas a un paso de lograr la meta, ¿por qué perdiste esa oportunidad? ¿porque te retiraste de ser Rey y desposar a la hermosa princesa?

Con una profunda consternación y lágrimas mal disimuladas, el plebeyo contestó con voz alta:
- Estuve soportando frió, aveces fuertes soles, cansado... muchas noches no dormí, lo di todo por ella pero... La princesa no me ahorró ni un día de sufrimiento, ni siquiera una hora. la verdad,  NO MERECÍA MI AMOR

CUANTAS VECES PONEMOS PRIMERO EL AMOR QUE SENTIMOS HACIA LOS DEMÁS ANTES DE VER EL PROPIO?

El guerrero de la luz y sus contradicciones Paulo Coelho


Tomar la decisión de seguir la luz
El guerrero de la luz empieza a pensar que es mejor seguir la luz. Él ya engañó, mintió, se desvió de su camino, cortejó las tinieblas. Y todo siguió saliendo bien, como si no hubiera pasado nada. Pero ahora quiere cambiar sus actitudes.
Al tomar esta decisión, oye cuatro comentarios: “siempre has actuado de forma errada. Eres demasiado viejo para cambiar. No eres bueno. No lo mereces.”
Entonces mira al cielo. Y una voz le dice: “bien, querido mío, todo el mundo ha cometido errores. Estás perdonado, pero yo no puedo forzar este perdón. Decídete.”
El verdadero guerrero de la luz acepta el perdón, y empieza a tomar algunas precauciones.
Un nuevo paso en falso
Como nada cambia de la noche al día, el guerrero da un nuevo paso en falso y se lanza una vez más al abismo. Los fantasmas lo provocan, la soledad lo atormenta. Como ahora es más consciente de sus actos, no pensaba que pudiera volver a suceder esto.
Pero sucedió. Envuelto en la oscuridad, se comunica con su maestro.
"Maestro, he caído de nuevo en el abismo,” dice. “Las aguas son profundas y oscuras.”
"Recuerda una cosa,” responde el maestro. “Lo que ahoga no es la zambullida, sino el permanecer bajo el agua.”
Y el guerrero emplea el resto de sus fuerzas para salir de la situación en la que se encuentra.
Entender el sentido de la tregua.
Un guerrero de la luz no se limita a repetir siempre la misma lucha. Si, después de algún tiempo, el combate sigue sin avances ni retrocesos, comprende que hay que sentarse con el enemigo y buscar una tregua.
Ambos ya practicaron el arte de la espada, y ahora necesitan entenderse. Es un gesto de dignidad, no de cobardía. Es un equilibrio de fuerzas, y un cambio de estrategia.
Trazados los planes de paz, los guerreros vuelven a sus casas. No necesitan demostrar nada a nadie. Libraron el buen Combate, y mantuvieron la fe. Cada uno cedió un poco, aprendiendo así el arte de la negociación.
Tener cuidado con los comentarios
Un guerrero sabe que las tinieblas utilizan una red invisible para extender su mal. Esta red atrapa cualquier información suelta en el aire, y la transforma en intriga. Todo lo que se dice de alguien acaba siempre llegando a los oídos de los enemigos de esa persona, aumentado por la tenebrosa carga del veneno y la maldad.
Por eso el guerrero, cuando habla de las actitudes de su hermano, imagina que éste está presente, escuchando lo que dice. Así, desarrolla el arte de la prudencia y la dignidad.
Y se acerca cada vez más a la luz que entró por su ventana, y que ahora ilumina toda su alma.
Amor y combate
El guerrero de la luz a veces lucha con aquél a quien ama.
Aprendió que el silencio significa el equilibrio absoluto del cuerpo, del espíritu y del alma. El hombre que preserva su unidad, jamás será dominado por las tempestades de la existencia; tiene fuerzas para superar las dificultades y seguir adelante.
Sin embargo, muchas veces se siente desafiado por aquéllos a quienes intenta enseñar el arte de la espada. Sus discípulos lo incitan al combate.
Y el guerrero demuestra su capacidad: con unos golpes, tira por tierra las armas de los alumnos, y vuelve la armonía al lugar donde se reúnen.
"¿Por qué haces esto, si eres tan superior?”, pregunta un viajero.
"Porque, de esta forma, mantengo el diálogo”, responde el guerrero.
Soledad y dependencia
Un guerrero, cuando sufre una injusticia, generalmente busca la soledad, para no mostrar su dolor a los demás.
Es un comportamiento bueno y malo a la vez.
Una cosa es dejar que tu corazón cure lentamente sus heridas. Otra cosa es meditar profundamente todo el día, con miedo a parecer débil.
Dentro de cada uno de nosotros existe un ángel y un demonio, y sus voces son muy parecidas. Ante la dificultad, el demonio alimenta esta conversación solitaria, intentando demostrarnos lo vulnerables que somos. El ángel necesita la boca de otra persona para manifestarse.
Prisa y paciencia
Un guerrero de la luz necesita al mismo tiempo paciencia y rapidez. Los dos mayores errores de la estrategia son: actuar antes de tiempo y dejar pasar la oportunidad.
Para evitar esto, el guerrero trata cada situación como si fuese única, y no aplica fórmulas, recetas u opiniones ajenas.
El califa Moauiyat preguntó a Omar Ben Al-Aas cuál era el secreto de su gran habilidad política:
“Nunca me metí en ningún asunto sin haber estudiado previamente la retirada; por otra parte, nunca entré y quise salir corriendo enseguida”, fue la respuesta.
Paz y actividad
En el intervalo del combate, el guerrero descansa.
Muchas veces pasa días sin hacer nada, pues su corazón así se lo exige.
Pero su intuición permanece alerta. No comete el pecado capital de la Pereza, porque sabe a dónde lo puede conducir: a la floja sensación de las tardes de domingo, donde pasa el tiempo y nada más.
Un guerrero descansa y ríe. Pero siempre estará atento.

Entre el cielo y el infierno Paulo Coelho


El lugar de los pecadores
El rabino Wolf entró por casualidad en un bar; algunas personas bebían, otras jugaban a las cartas, y el ambiente parecía cargado.
El rabino salió sin hacer ningún comentario. Un joven lo siguió.
-Sé que no le ha gustado lo que ha visto –dijo el muchacho. –Ahí sólo hay pecadores.
-Me ha gustado lo que he visto – dijo Wolf. –Son hombres que están aprendiendo a perderlo todo. Cuando ya no les quede nada material en este mundo, no les restará más opción que volverse hacia Dios. ¡Y a partir de entonces serán excelentes siervos!


Buda y el demonio
El demonio le dijo a Buda:
-Ser el diablo no es fácil. Cuando hablo, tengo que valerme de enigmas para que las personas no sean conscientes de la tentación. Tengo que parecer siempre astuto e inteligente, para que me admiren. Gasto mucha energía en convencer a unos pocos de que el infierno es más interesante. Estoy viejo, y quiero que pases a encargarte de mis alumnos.
Buda sabía que eso era una trampa: si aceptase la propuesta, él se transformaría en demonio, y el demonio se convertiría en Buda.
-¿Crees que es divertido ser Buda? – respondió. –¡Además de tener que hacer todo lo que haces tú, tengo que aguantar también lo que me hacen mis discípulos! ¡Ponen en mi boca cosas que no dije, cobran por mis enseñanzas, y me exigen que sea sabio siempre! ¡Tú no conseguirías aguantar una vida como ésta!
El diablo se convenció de que intercambiar los papeles era realmente un mal negocio, y Buda escapó a la tentación.


El cielo y el infierno
Un samurai violento, con fama de provocar pelea sin motivo, llegó a las puertas del monasterio zen y pidió hablar con el maestro.
Sin titubear, Ryokan acudió a su encuentro.
-Dicen que la inteligencia es más poderosa que la fuerza –comentó el samurai. -¿Acaso usted puede explicarme lo que son el cielo y el infierno?
Ryokan permaneció en silencio.
-¿Ve? –exclamó el samurai. –Yo podría explicar eso mismo muy fácilmente: para mostrar qué es el infierno, basta con darle a alguien una paliza. Para mostrar lo que es el cielo, basta con dejar que alguien huya, después de haberlo amenazado mucho.
-No discuto con personas estúpidas como tú –comentó el maestro zen.
Al samurai le subió la sangre a la cabeza. Su mente se puso turbia de odio.
-Esto es el infierno –dijo Ryokan, sonriendo. –Dejarse provocar por tonterías.
El guerrero se quedó desconcertado con la valentía del monje, y se relajó.
-Eso es el cielo –terminó Ryokan, invitándolo a entrar. –Rechazar las provocaciones estúpidas.


El sacrificio y la bendición
Un hombre prometió cargar una cruz hasta lo alto de un monte si se le concedía determinado deseo.
Dios escuchó su petición, y entonces el hombre encargó que le hicieran una cruz y a continuación emprendió el camino. Pasados algunos días, le pareció que la cruz pesaba más de lo que esperaba y, con un serrucho que le prestaron, cortó buena parte de la madera. Al llegar a la cima vio que, separada por una quiebra en la tierra, había otra montaña.
De ese lado todo era paz y tranquilidad… pero le hacía falta un puente para llegar hasta allí.
Quiso servirse de la cruz, pero resultó corta.
Y entonces se dio cuenta: el pedazo que había cortado era exactamente lo que faltaba para poder cruzar aquel abismo.

Otra historia sobre la cruz
En cierto pueblecito de Umbría (Italia), un hombre se quejaba de su suerte. Era cristiano, y encontraba su cruz demasiado pesada.
Una noche, antes de dormir, rezó para que Dios le permitiese cambiar de fardo.
Esta misma noche tuvo un sueño: el Señor lo conducía hasta un depósito. “Puedes hacer el cambio”, le decía luego. El hombre vio cruces de todos los tamaños y pesos, con los nombres de sus dueños. Escogió una cruz de tamaño medio pero, al ver que tenía grabado el nombre de un amigo, desistió de ella.
Finalmente, y ya que Dios lo permitía, eligió la cruz más pequeña de todas.
Para su gran sorpresa, en ésta estaba grabado su propio nombre.


El gurú de Mesure
Vivía en Mesure, India, un famoso gurú. Había conseguido reunir a un buen número de seguidores y había compartido generosamente su sabiduría.
Aún era relativamente joven cuando contrajo la malaria. Pero continuaba cumpliendo religiosamente su ritual: bañarse por la mañana, dar clases al mediodía, y orar por las tardes, en el templo.
Cuando la fiebre y los temblores le impedían concentrarse, se quitaba la parte de arriba de la ropa y la arrojaba a un rincón. Tal era su poder, que la ropa continuaba temblando, mientras que el hombre, libre de las contracciones, podía realizar sus oraciones con calma.
Al final, volvía a vestirse con la misma ropa, y los síntomas reaparecían.
-¿Por qué no se deshace usted de una vez por todas de esta ropa y se libra de la enfermedad? –preguntó un periodista que presenció el milagro.
-Hacer con tranquilidad lo que tengo que hacer ya es una bendición –respondió el gurú. –El resto forma parte de la vida y sería cobarde no aceptarlo.

Paulo Coelho, Soledad



Sin la soledad, el Amor no permanecerá mucho tiempo a tu lado.
Porque también el Amor necesita reposo, de modo que pueda viajar por los cielos y manifestarse de otras formas.
La soledad no es la ausencia de Amor, sino su complemento.
La soledad no es la ausencia de compañía, sino el momento en que nuestra alma tiene la libertad de conversar con nosotros y ayudarnos a decidir sobre nuestras vidas.
Por lo tanto, benditos sean aquellos que no temen a la soledad.
Que no se asustan con la propia compañía, que no se desesperan buscando algo en qué ocuparse, divertirse o qué juzgar.
Porque quien nunca está solo, ya no se conoce a sí mismo.
Y quien no se conoce a sí mismo comienza a temer el vacío.
( "Manuscrito encontrado en Accra)

Inventario de la normalidad


Resolví hacer un sondeo entre mis amigos sobre lo que la sociedad considera un comportamiento normal. Escribo a continuación la lista de algunos de estos absurdos con que convivimos a diario, porque la sociedad los considera normales:
1] cualquier cosa que nos haga olvidar nuestra verdadera identidad y nuestros sueños, y nos haga apenas trabajar para producir y reproducir.
2] tener reglas para una guerra (Convención de Ginebra).
3] emplear varios años estudiando en la universidad, y después no conseguir trabajo.
4] trabajar de nueve de la mañana a cinco de la tarde en algo que no da ninguna satisfacción, con la condición de poder jubilarse después de treinta años.
5] Jubilarse, descubrir que ya no se tiene energía para disfrutar de la vida, y morir pocos años después, de aburrimiento.
6] Usar botox.
7] Procurar tener éxito financiero, en lugar de buscar la felicidad.
8] Ridiculizar al que busca la felicidad en lugar del dinero, calificándolo de “persona sin ambición”.
9] Comprar objetos como coches, casas, ropas y definir la vida en función de estas comparaciones, en lugar de intentar averiguar la verdadera razón de estar vivo.
10] No hablar con extraños. Criticar al vecino.
11] Considerar que los padres siempre tienen la razón.
12] Casarse, tener hijos, y continuar juntos aunque el amor haya terminado, alegando que es por el bien de los niños (como si éstos no presenciaran las constantes peleas).
12] Criticar a todo aquel que intenta ser diferente.
14] Empezar el día con un despertador histérico al lado de la cama.
15] Creer que es verdadero absolutamente todo lo que está impreso.
16] Llevar un pedazo de tela de colores atado al cuello, sin ninguna utilidad conocida, pero que todos conocen con el pomposo nombre de “corbata”.
17] Nunca ser directo en las preguntas, aunque la otra persona entienda lo que se está queriendo saber.
18] Mantener la sonrisa en los labios cuando se tienen unas ganas locas de echarse a llorar. Y sentir piedad por todos los que demuestran sus sentimientos íntimos.
19] Pensar que el arte vale una fortuna, o que no vale absolutamente nada.
20] Despreciar por sistema lo que se consiguió fácilmente, porque, como no se dio el “sacrificio necesario”, no debe de tener las cualidades requeridas.
21] Seguir la moda, incluso cuando parece ridícula e incómoda.
22] Estar convencido de que todo famoso debe tener guardados montones de dinero.
23] Dedicar mucho esfuerzo a la belleza exterior, y preocuparse poco con la belleza interior.
24] Usar todos los medios posibles para mostrar que, aun siendo una persona normal, uno está infinitamente por encima del resto de los seres humanos.
25] A bordo de un transporte público, nunca mirar directamente a los ojos de la gente, pues tal cosa podría entenderse como un intento de seducción.
26] Al entrar al ascensor, mantenerse orientado hacia la puerta de salida, y comportarse como si no hubiera ningún otro ser humano allí dentro, por muy abarrotado que esté el lugar.
27] Jamás reírse a carcajadas en un restaurante, por muy buena que sea la historia.
28] En el hemisferio norte, elegir la ropa que se lleva de acuerdo a la estación del año: brazos desnudos en primavera (por mucho frío que haga) y jersey de lana en otoño (aunque haga mucho calor).
29] En el hemisferio sur, llenar el árbol de navidad de algodón, aunque el invierno no tenga nada que ver con el nacimiento de Cristo.
30] Cuando alguien llega a mayor, creerse dueño de toda la sabiduría del mundo, aunque muchas veces no se haya vivido lo suficiente para reconocer lo correcto.
31] Ir a una feria de beneficencia y pensar que con eso ya se ha hecho bastante para acabar con las desigualdades sociales del mundo.
32] Comer tres veces al día, aunque no se tenga hambre.
33] Creer que los otros siempre nos superan en todo: son más atractivos, más competentes, más ricos, más inteligentes, etc. Es muy arriesgado aventurarse más allá de las propias limitaciones: lo más conveniente es no hacer nada.
34] Hacer del coche un medio para sentirse poderoso, y capaz de dominar el mundo.
35] Soltar improperios en el tráfico.
36] Pensar que todo lo malo que hace el hijo de uno es por culpa de las malas compañías.
37] Casarse con la primera persona que dispone de cierto estatus social. El amor puede esperar.
38] Repetir continuamente “Yo al menos lo intenté”, aunque en realidad no se haya intentado absolutamente nada.
39] Postergar las experiencias más interesantes de la vida para cuando ya no quedan fuerzas para llevarlas a cabo.
40] Huir de la depresión con fuertes dosis diarias de televisión.
41] Pensar que todo lo conquistado se puede dar por seguro para siempre.
42] Creer que a las mujeres no les gusta el fútbol, y que a los hombres no les gusta la decoración.
43] Echarle al gobierno la culpa de todo.
44] Estar convencido de que ser una persona buena, decente, educada, conlleva que los demás la consideren débil, vulnerable y fácilmente manipulable.
45] Estar igualmente convencido de que la agresividad y la descortesía en el trato con los otros equivale a tener una personalidad poderosa.
46] Tener miedo de la fibroscopia (los hombres) y del parto (las mujeres).
47] Por último, creer que la religión de uno, además de la única dueña de la verdad absoluta, es la más importante, la mejor, y que todos los seres humanos de este inmenso planeta que crean en cualquier otra manifestación de Dios están condenados al fuego del infierno.

Cuando los ángeles hablan


No hay nadie que sea valiente todo el tiempo. Lo desconocido es un desafío constante, y el miedo es parte inseparable de la jornada.
¿Qué se puede hacer? Dialoga contigo mismo. Habla solo. Hazlo aunque los demás puedan pensar que te has vuelto loco. A medida que hablamos, una fuerza interior nos da la seguridad necesaria para superar los obstáculos que deben vencerse. Aprendemos las lecciones de las derrotas que, inevitablemente, vamos a sufrir. Y nos preparamos para las numerosas victorias que formarán parte de nuestra vida.
Que quede entre nosotros: los que (como yo) tienen esta costumbre, saben que nunca hablan verdaderamente solos: el ángel de la guarda está ahí, escuchando y ayudándonos a reflexionar. A continuación, algunas historias sobre ángeles.

La conversación en el cielo
Abd Mubarak iba hacia La Meca cuando, cierta noche, soñó que estaba en el cielo. Allí pudo escuchar la conversación entre dos ángeles.
-¿Cuántos peregrinos han venido este año a la ciudad sagrada?- preguntó uno de ellos.
-Seiscientos mil- respondió el otro.
-Y de todos estos, ¿a cuántos se les ha aceptado su peregrinación?
-A ninguno. No obstante, hay en Bagdad un zapatero llamado Ali Mufiq que no caminó, pero al que se le aceptó su peregrinación, y cuyas gracias beneficiaron a los seiscientos mil peregrinos.
Al despertar, Abd Mubarak fue a la zapatería de Mufiq, y le contó el sueño.
-A costa de grandes sacrificios, logré reunir 350 monedas- dijo, llorando, el zapatero-. Sin embargo, cuando estaba listo para ponerme en marcha hacia La Meca, descubrí que mis vecinos tenían hambre. Repartí el dinero entre ellos, sacrificando mi peregrinación.

El mendigo y el monje
Un monje meditaba en el desierto, cuando un mendigo se le aproximó:
-Necesito comer.
El monje, que estaba en sintonía casi perfecta con el mundo espiritual, nada respondió.
-Necesito comer- insistió el mendigo.
-Ve a la ciudad a pedir ayuda a cualquier otro. ¿No ves que me molestas? Estoy intentando comunicarme con los ángeles.
-Dios se puso por debajo del hombre, le lavó los pies, dio su vida por él, y nadie lo reconoció- respondió el mendigo-. Aquel que afirma que ama a Dios (al que no ve) y se olvida de su hermano (que tiene ante los ojos) está mintiendo.
Y el mendigo se transformó en un ángel.
-Qué pena. Has estado a punto de conseguirlo- comentó antes de partir.

Condenando al hermano
El abad Isaac de Tebas estaba rezando en el patio del monasterio cuando vio a uno de los monjes cometiendo un pecado. Furioso, interrumpió su oración, y condenó al pecador.
Aquella noche, un ángel se le interpuso en el camino hacia su celda, y le dijo:
-Has condenado a tu hermano, pero no has dicho qué castigo debemos imponerle: ¿Las penas del infierno? ¿Una enfermedad terrible mientras aún esté vivo? ¿Algunas desgracias en el seno de su familia?
Isaac se arrodilló y pidió perdón:
-Solté las palabras en el aire, y un ángel las escuchó. Pequé por irresponsabilidad en lo que dije. Olvida mi ira, Señor, y hazme más cuidadoso a la hora de juzgar al prójimo.

¿Qué lugar es éste?


Un hombre, su caballo y su perro, caminaban por un sendero. Al pasar cerca de un árbol gigantesco, cayó un rayo, y los tres murieron fulminados.
Pero el hombre no se dio cuenta de que ya había dejado este mundo, y siguió caminando con sus dos animales (a veces a los muertos les lleva un tiempo ser conscientes de su nueva condición...)
La caminata se hacía muy larga, colina arriba, el sol era de justicia, y todos terminaron sudados y sedientos. Necesitaban desesperadamente agua. En una curva del camino, avistaron una puerta magnífica, toda de mármol, que conducía a una plaza adoquinada con bloques de oro, en cuyo centro había una fuente de donde manaba un agua cristalina.
El caminante se dirigió al hombre que guardaba la entrada:
- Buenos días.
- Buenos días – respondió el hombre.
- ¿Qué lugar es éste, tan bonito?
- Esto es el cielo.
- Pues qué bien que hemos llegado al cielo, porque nos estamos muriendo de sed.
- Usted puede entrar y beber toda el agua que quiera.
Y el guarda señaló la fuente.
- Mi caballo y mi perro también tienen sed.
- Lo siento mucho, pero aquí no se permite la entrada de animales.
Al hombre aquello le disgustó mucho, porque su sed era grande, pero no estaba dispuesto a beber él solo; dio las gracias y siguió adelante. Tras mucho caminar, ya exhaustos, llegaron a una finca que tenía por entrada una vieja portezuela que conducía a un camino de tierra, bordeado por árboles en sus dos orillas.
A la sombra de uno de los árboles, había un hombre tumbado, con la cabeza cubierta con un sombrero, posiblemente durmiendo.
-Buenos días – dijo el caminante.
El hombre apenas respondió meneando la cabeza.
-Tenemos mucha sed, mi perro, mi caballo y yo.
-Hay una fuente en aquellas piedras – dijo el hombre señalando el lugar -. Pueden beber cuanto les plazca.
El hombre, el caballo y el perro fueron a la fuente y mataron su sed. A continuación, regresó para dar las gracias.
-A propósito, ¿cómo se llama este lugar?
-Cielo.
-¿Cielo? ¡Pero si el guarda de la puerta de mármol dijo que el cielo era allá!
-Eso no es el cielo, es el infierno.
El caminante se quedó perplejo.
-¡Pero ustedes deberían evitar eso! ¡Esa falsa información debe causar grandes trastornos!
El hombre sonrió:
-De ninguna manera. En realidad, ellos nos hacen un gran favor. Porque allí se quedan todos los que son capaces de abandonar a los mejores amigos...

Paulo Coelho ¿Qué es la felicidad?

Esa es una pregunta que ya la borré hace mucho de mi cabeza, justamente porque no sé responderla.
s sabios, gente que no tendría nada de qué quejarse.
Algunas personas parecen felices: simplemente, no se plantean el asunto. Otras hacen planes: tendré un marido, una casa, dos hijos, una casa de campo... Mientras se encuentran ocupadas realizando esa lista, son como toros embistiendo: no piensan, sólo avanzan. Consiguen su coche, a veces consiguen hasta su Ferrari, les parece que en eso consiste el sentido de la vida, y no se hacen nunca la pregunta de arriba. Pero, a pesar de todo, los ojos arrastran una tristeza de la que estas personas ni siquiera son conscientes.
Yo no sé si todo el mundo es infeliz. Lo que sé es que las personas están siempre ocupadas: trabajando más tiempo del que les corresponde, ocupándose de los hijos, del marido, de la carrera, del diploma, de lo que harán al día siguiente, de lo que hay que comprar, de lo que hay que tener para no sentirse inferior, etc.
Pocas personas me dijeron: “Soy infeliz”. La mayoría me dice: “Estoy de maravilla. Conseguí todo lo que quería”.
Entonces, les pregunto: “¿Qué es lo que te hace feliz?”
Me responden: “Tengo todo lo que cualquiera puede desear: familia, casa, trabajo, salud...”
Les pregunto de nuevo: “¿Alguna vez te paraste a pensar si eso era todo en la vida?”
Y responden: “Sí, eso es todo”.
Insisto: “En ese caso, el sentido de la vida es el trabajo, la familia, los hijos que crecerán y acabarán marchándose, la mujer o el marido que con el tiempo se transforman más en amigos que en auténticos enamorados. Y el trabajo terminará un día. ¿Qué harás cuando llegue ese momento?”
Llegados a este punto, no me responden. Se van por las ramas. Pero siempre queda algo escondido: el empresario que aún no hizo el negocio que soñaba, el ama de casa a la que le gustaría disponer de más independencia y más dinero, el que acaba de conseguir su título en la facultad se pregunta si fue él quien escogió sus estudios o si alguien los eligió por él, al dentista le habría gustado ser cantante, el cantante hubiera querido ser político, el deseo del político era ser escritor, y el escritor es un labrador frustrado.
En la calle donde escribo esta columna y observo a las personas que pasan, apuesto a que todo el mundo esta sintiendo lo mismo. Esta mujer tan elegante dedica sus días a intentar parar el tiempo, controlando la báscula, porque piensa que de eso depende el amor. En la acera de enfrente se ve a una pareja con dos niños. El hombre y la mujer viven momentos de intensa felicidad cuando salen a pasear con sus hijos, pero al mismo tiempo el subconsciente se preocupa del empleo que podría faltar un día, de las tragedias que pueden llegar en cualquier momento, y piensa en cómo librarse de ellas, cómo protegerse del mundo.
Hojeo las revistas de famosos: todo el mundo riéndose, todo el mundo contento. Pero como frecuento este medio, sé que la realidad es otra: todos aparecen riendo o divirtiéndose en la foto, en aquel momento, pero por la noche, o por la mañana, la historia es diferente. “¿Qué voy a hacer para seguir apareciendo en las revistas?” “¿Cómo voy a disimular que ya no tengo el dinero suficiente para mantener esta vida de constantes lujos?” O “¿Cómo hago para aumentar mi lujo, para hacerlo más llamativo que el de los demás?” “La actriz con la que aparezco en esta foto, riéndonos las dos, celebrando algo, ¡mañana me puede robar el papel!” “¿Estaré mejor vestida que ella? ¿Por qué sonreímos, si nos detestamos?”
En fin, me quedo con los versos de Jorge Luis Borges: “Ya no seré feliz. Tal vez no importa. Hay tantas otras cosas en el mundo”.

No cuestionar la búsqueda
Cuenta Sri Ramakrisna que un hombre se aprestaba a cruzar un río cuando el maestro Bibhishana se aproximó, escribió un nombre en una hoja, la ató a la espalda del hombre y le dijo:
- No tengas miedo. Tu fe te ayudará a caminar sobre las aguas. Pero en el instante en que pierdas la fe, te ahogarás.
El hombre confió en Bibhishana y comenzó a caminar sobre las aguas, sin ninguna dificultad, A cierta altura, no obstante, sintió un inmenso deseo de saber lo que su maestro había escrito en la hoja atada a sus espaldas.
La cogió y leyó lo que estaba escrito:
“¡Oh, dios Rama, ayuda a este hombre a cruzar el río”
“¿Sólo esto?”, pensó el hombre. “¿Quien es este dios Rama, al fin y al cabo?”
En el momento en que la duda se instaló en su mente él se sumergió y se ahogó en la corriente.

Las cosas tal y como son Paulo Coelho



Por supuesto que las cosas no ocurren siempre como nos gustaría. Hay momentos en los que nos parece que perseguimos algo que no nos está destinado, que nos estamos dando de bruces una y otra vez contra puertas que no se abren, que esperamos milagros que no llegan a suceder.
co tiempo nos quedaríamos sin asunto para seguir escribiendo el guión de nuestra vida diaria. Dicho guión se nutre de nuestros sueños, pero, además, se impulsa con la energía de nuestra lucha. Y como sucede siempre con los guerreros que emplean su energía en el Buen Combate, hay ciertos momentos en los que es mejor relajarse, y creer que el Universo continúa trabajando por nosotros en secreto, aunque no lo lleguemos a entender.
Dejemos, por tanto, que el Alma del Mundo cumpla su misión, y cuando no nos sea posible ayudarla, la mejor manera de colaborar con ella es prestar atención a las cosas sencillas de la vida, como las puestas de sol, la gente que pasa por la calle, o la lectura de un libro.
De todas maneras, en muchos casos sigue pasando el tiempo y no termina de ocurrirnos nada excepcional. Pero el verdadero guerrero de la luz continúa creyendo. A la manera que tienen los niños de creer.
Y, como cree en los milagros, los milagros empiezan a ocurrir.
Como está seguro de que su pensamiento puede cambiar su vida, su vida empieza a cambiar.
Como está seguro de que encontrará el amor, el amor termina apareciendo.
De vez en cuando, se decepciona. A veces se hace daño.
Y entonces escucha cómo comentan: “¡Pero qué ingenuo es!”
Pero el guerrero sabe que merece la pena. Por cada derrota, cuenta con dos victorias a su favor.
En un interesante y minúsculo libro, El breviario de la caballería medieval, hay un texto que debe ser recordado en estos momentos de espera:
«La energía espiritual del Camino utiliza la justicia y la paciencia para preparar tu espíritu.
Este es el Camino del Caballero. Un camino fácil y, al mismo tiempo, difícil, pues obliga a dejar de lado las cosas inútiles, y las amistades relativas. Por eso, al principio, se duda tanto para elegirlo.
He aquí la primera enseñanza de la Caballería: borrarás lo que hayas escrito hasta el momento en el cuaderno de tu vida: inquietud, inseguridad, mentira. Y escribirás, en lugar de todo eso, la palabra coraje. Comenzando la jornada con esta palabra, y manteniendo la fe en Dios, llegarás adonde necesitas».
A pesar de todo, a veces seguimos esperando – con paciencia, resignación, coraje – y las cosas que nos rodean no se mueven. Pero como éste fue el camino que elegimos, es imposible que las bendiciones de la vida no estén trabajando a nuestro favor. Cabe, por tanto, una profunda reflexión sobre lo que conocemos como “resultados”: nuestro destino se está manifestando de una manera que no llegamos a comprender totalmente - ¡pero se está manifestando! Jorge Luis Borges escribió un cuento magistral sobre este asunto.
Describe el nacimiento de un leopardo que pasa gran parte de su vida en la selva africana, pero termina siendo capturado y llevado a un zoológico de Italia. A partir de entonces, el animal piensa que su vida ha perdido el sentido, y que ya no le resta sino esperar el día de su muerte.
Cierta mañana, el poeta Dante Alighieri pasa por aquel zoológico, mira al leopardo, y el animal le inspira un verso. Un verso entre los miles que componen La Divina Comedia.
Toda la lucha por la supervivencia que aquel leopardo trabó, fue para que pudiese estar aquella mañana en el zoológico e inspirase un verso inmortal, dice Borges.
Al igual que este leopardo, todos nosotros tenemos una razón – una razón muy importante – para estar aquí, en este momento, esta mañana.

Relajémonos, por tanto, y prestemos atención.

TIPOS DE COMUNICACIÓN: ASERTIVIDAD, FUNDAMENTO Y VENTAJAS.


Existen tres tipos principales y bien diferenciados de comunicación: pasiva, agresiva y asertiva.
La comunicación pasiva tiene como características la expresión inefectiva de pensamientos, sentimientos y creencias.
Efectos en la autoestima:
– Me siento inferior a otros.
– Mis derechos no cuentan.
Genera sentimientos propios de:
– Insatisfacción, frustración y culpabilidad.
Por su parte, en el estilo agresivo es la expresión de pensamientos, sentimientos y creencias de forma hostil y dominante, violando los derechos de los demás.
Efectos en la autoestima:
– Me siento superior a otros.
– Impongo mis derechos.
Genera:
– Culpabilidad y violencia.
– Pobres relaciones.
Por su parte, la asertividad permite actuar, pensar y decir lo que uno cree que es lo más apropiado para sí mismo, defendiendo sus derechos, intereses o necesidades sin agredir a nadie, ni permitir ser agredido. Esto se efectúa sin ansiedad. La asertividad no es sinónimo de egoísmo ni de terquedad, sino el derecho de expresar la opinión de uno, aunque sea posible que no se tenga razón, y respetando los derechos o puntos de vista de los demás.


La conversación con el demonio Paulo Coelho


El hombre mira el atardecer desde una bonita playa, junto a su mujer, en algún momento de sus merecidas vacaciones. Todo parece perfectamente en su sitio, y de repente, del fondo de su corazón, surge una voz simpática, amigable, pero con una pregunta difícil:
-¿Estás contento?
-Sí, sí que lo estoy –responde.
.
-¿Quién eres tú?
-Soy el demonio. Y tú no puedes estar contento, pues sabes que, más tarde o más temprano, la tragedia puede irrumpir y desequilibrar tu mundo. Extiende tu mirada en torno, cuidadosamente, y entiende que la virtud es apenas uno de los lados del terror.
Y el demonio comienza a mostrar todo lo que está ocurriendo en la playa: El excelente padre de familia que en estos momentos está recogiendo los bártulos y vistiendo a los niños, al que le gustaría tener una aventura con su secretaria, pero no se atreve por miedo a la reacción de su mujer.
La mujer, a la que le gustaría trabajar y ser independiente, pero no se atreve por miedo a la reacción del marido.
Los niños, que se portan bien... por miedo a los castigos.
La jovencita que lee un libro, sola, en un chiringuito, fingiendo displicencia, cuando en lo más hondo está aterrorizada con la posibilidad de no encontrar nunca al amor de su vida.
El chico que juega a las palas, y está también aterrado por la presión de tener que satisfacer las expectativas de sus padres.
El viejo que no fuma ni bebe afirmando que así se siente con más energía para todo, cuando lo que sucede en realidad es que el terror a la muerte le susurra constantemente cosas al oído, como el viento.
La pareja que pasa corriendo, salpicando en el agua de la orilla, la sonrisa en los labios, y su terror encerrado bajo siete llaves, terror de hacerse viejos, de perder el atractivo, de depender de los otros.
El hombre que para su lancha a la vista de todos y saluda con la mano, sonriendo, muy moreno, carcomido por el miedo de perder su dinero en cualquier momento.
El dueño del hotel que sale a saludar a sus huéspedes cuando por fin el sol se esconde, procurando dejarlos a todos contentos y animados, apretando al máximo a sus contables, no obstante, por el terror que le aprieta el alma, pues sabe que, por más honesto que sea, los funcionarios del gobierno siempre acaban descubriendo los errores de la contabilidad.
Terror en cada una de esas personas de la bonita playa, en un atardecer de dejar con la boca abierta. Terror de quedarse solo, terror de la oscuridad que puebla la imaginación de demonios, terror de hacer cualquier cosa que se salga de las buenas costumbres, terror del juicio de Dios, terror de los comentarios de los hombres, terror de la justicia que castiga cualquier falta, terror de la injusticia que deja a los culpables en libertad para hacer más daño, terror de arriesgarse y perder, terror de ganar y tener que convivir con la envidia, terror de amar y ser rechazado, terror de pedir un aumento, de aceptar una invitación, de ir a lugares desconocidos, de no conseguir hablar en una lengua extranjera, de no ser capaz de impresionar a los demás, de hacerse viejo, de morir, de que sus defectos llamen la atención, de que sus virtudes no llamen la atención, de pasar desapercibido al no llamar la atención ni por sus defectos ni por sus cualidades.
-Espero que esto te haya dado algún consuelo. Al fin y al cabo, ahora sabes que no eres el único que tiene miedo.
-Por favor, no te vayas sin escuchar lo que tengo que decir –respondió el hombre. –Tenemos una facilidad asombrosa para detectar dolores, remordimientos, heridas... o terror, que es lo que a ti te gusta. Pero hace tiempo mi padre me contó la historia de un manzano que estaba tan cargado de manzanas, que no conseguía dejar que sus ramas cantasen con el viento. Alguien que pasaba por allí le preguntó por qué no intentaba llamar la atención como hacía el resto de los árboles. “Mis frutos son mi mejor propaganda”, respondió el manzano.
»Es verdad que no me diferencio gran cosa de los demás, y que mi corazón también alberga muchos miedos. Pero, a pesar de todo, los frutos de mi vida hablan por mí, y aunque un día pueda suceder una tragedia, sé que no he dejado correr mi vida sin arriesgar.
Y el demonio, decepcionado, se marchó a intentar asustar a algún otro más débil.